Carta curatorial 2026
Madrid nunca ha sonado en una sola lengua. Por sus calles pasaron la familia Porrina de Badajoz y el flamenco que llegó con las migraciones internas de los años cincuenta. Después llegaron la salsa de los bares de Lavapiés, la cumbia de los domingos en los parques de Usera y Carabanchel, el reguetón y el dembow que salen de los móviles en el metro, el afrobeat de los locales de Tetuán, los tambores andinos de las fiestas patronales trasladadas a un polideportivo del sur. Esa ciudad ya existe. Lo que todavía falta es un lugar donde se escuche a sí misma como cultura contemporánea y no como folclore, como centro y no como cuota.
Madrid Music Meeting nace para ocupar ese lugar. En su primera edición, en 2025, reunió a 24 proyectos de 15 países entre CEDA La Parcería y Sala Villanos, y recibió cerca de quinientas propuestas en su convocatoria pública. Esa cifra dibuja el mapa de una escena que ya estaba ahí, trabajando sin red, esperando a que alguien la nombrara.
Qué entendemos por Sonidos Migrantes
Llamamos Sonidos Migrantes a las músicas que nacen de migrar, de mezclarse y de recordar. Músicas que traen una lengua, un tambor o una forma de cantar desde un territorio de origen y la cruzan con el trap, la electrónica, el hip hop o el pop urbano de la ciudad donde ahora viven. Quechua con trap. Cumbia con afrofuturismo. La kora griot junto al sintetizador. Así suena una vida que pasa entre dos o más lugares.
Lo migrante, para nosotras, es una posición y no una etiqueta de origen. Incluye a quien llegó ayer y a quien nació aquí de madres y padres que llegaron; a las diásporas que vienen de fuera y a las que se movieron dentro de la península. Por eso el festival pide que al menos la mitad de cada proyecto esté formada por personas migrantes, y por eso la programación la hacen personas migrantes.
Ni folclore ni exotismo
Madrid Music Meeting no programa la diversidad para decorar una agenda ni para celebrar una supuesta hermandad hispánica que borra la historia colonial. Pone a las migraciones en el centro porque ese es el lugar que ya ocupan en la vida cultural de la ciudad, aunque las políticas culturales todavía no lo reconozcan. Es una apuesta política y la hacemos a conciencia.
Un festival que deja infraestructura
Queremos que Madrid cree, profesionalice y pague de forma justa a sus músicas migrantes, y que las ponga en el centro de sus políticas culturales. Por eso, junto a los conciertos, organizamos speed meetings entre artistas y agentes de festivales, salas, sellos, bookers y medios, y espacios de pensamiento sobre industria musical, derechos culturales y economías alternativas. Los speed meetings están abiertos a toda la ciudad, vengas de donde vengas: la cultura y la memoria de Madrid las construimos entre todas. La escena como red.
2026: segunda edición
Del 5 al 8 de noviembre de 2026 el festival crece a tres sedes: Infinito Delicias, Sala Villanos y CEDA La Parcería, el primer centro cultural de Madrid gestionado por personas migrantes y la casa del festival. Es un espacio con las infancias en el centro, abierto a la ciudad migrante, disidente y antirracista, y también a quien llega por primera vez. Este año nos acompaña Radio Gladys Palmera.
Abrimos con memoria: un grupo de investigación de entrada libre sobre Suristán, la sala que entre 1992 y 2005 trajo a Madrid a Totó la Momposina y los jueves negros y africanos. Seguimos con talleres, showcases y noches de baile, del hassanía de Suilma Aali a los tambores de Senegal y el mahraganat de El Cairo. La música nunca está quieta, y esta ciudad tampoco: son músicas en movimiento.

